¿Hay deudas buenas?

29 nov 2022

Se entiende por deuda aquella obligación que tiene una persona, ya sea jurídica o física, de devolver algo, por lo general dinero. Las deudas son compromisos que hay que atender y se tiene la obligación de hacerlo (también moral). El DRAE define la palabra deuda como:

La obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, por lo común dinero

Dejado claro el concepto de lo que es una deuda, conviene explicar que no todas ellas deben considerarse como algo desafortunado. Deber dinero no implica una connotación negativa siempre, a menos que se trate de situaciones de morosidad en las que se podía haber evitado caer.

Se incurre en mora, por ejemplo, cuando se desatienden los compromisos adquiridos en un contrato a la hora de pedir préstamos rápidos y no devolverlos. Para ello, el cliente dispone de 30 días y es posible aplazarlo un mes más con una extensión del crédito. Evitar entrar en una espiral de deuda si existe compromiso.

Tipos de deuda

La deuda puede ser de muchos tipos en función del emisor (privada o pública), de la calidad crediticia (corporativa o bancaria) o de la finalidad (de apalancamiento, de subsistencia, hormiga o ficcional. Este post se va a centrar en algo mucho más simple: cuando una deuda se considera buena o mala.

Deuda buena

Aunque muchos creen que no hay deuda buena, la verdad es que hay bastantes situaciones en las que deber dinero es la mejor de las opciones. De hecho, la deuda es buena cuando beneficia a una persona o a un colectivo y está más que justificada. Estos son algunos de esos casos:

Pedir una hipoteca

Son muy pocos los afortunados que pueden comprar una casa al contado (¿conoces a alguno?). Ahorrar tanto no es fácil y el precio de la vivienda en muy alto en casi todas partes. Además, este aumenta a una velocidad mucho más rápida que la capacidad de ahorro de cualquier ser humano.

Tener una casa en propiedad es el sueño de la mayoría de las personas, así que contratar una hipoteca es la forma más sencilla de hacerlo. Aunque no se es dueño de la casa en cuestión hasta que se haya pagado en su totalidad, ya se siente que te pertenece desde el momento en que comienzas a pagar las primeras letras.

Emprender un negocio

Para poner en marcha un negocio, no solo basta con una idea brillante; se necesita un desembolso inicial que no todo el mundo puede llevar a cabo. Cuanto mejor sea una idea, más atraerá a las inversiones, eso es cierto, pero de poner dinero al principio no te libra nadie.

Además, es probable que a lo largo de tu andadura empresarial necesites fondos adicionales para expandir el negocio o resolver situaciones puntuales que requieren financiación extra para seguir adelante. Ahí es cuando entra en juego el préstamo, eso de lo que nadie quiere oír hablar, pero tantos necesitan.

Gastos educativos

La educación de calidad a veces no es accesible a todo el mundo. De hecho, en muchas partes del mundo, conseguir un título puede costarte más caro de lo que pensabas. Aun sabiendo que cuesta dinero, son muchos los que no quieren renunciar a algún curso pese a que eso implique pedir dinero prestado.

Es probable que a corto plazo empiece a dudarse de si el gasto en educación compensa, pero a la larga, si esa educación da sus frutos, se traduce en un buen trabajo y unos buenos ingresos, habrá cumplido con creces su objetivo. Financiar los estudios es una inversión de futuro, aunque la carrera universitaria salga cara.

Reducir una deuda completa

La deuda es la suma del capital inicial prestado más los intereses. Si tienes diferentes deudas cada una con sus tasas e intereses, a lo mejor podría plantearse una consolidación. Esto consiste en pedir un único préstamo para pagar todos los demás con lo que reduciría intereses.

Estudie ante qué tipo de préstamos está (personales, deuda en tarjetas de crédito o deudas de otro tipo con intereses elevados) y cancélelos todos si le resulta posible. Así se centrará en pagar uno solo y sentirse aliviado si las condiciones de pago son favorables.